En noviembre de 2018 con mi señora cumplimos las bodas de papel, un año de casados, y decidimos celebrarlos en un lugar al que yo, personalmente, hace mucho tiempo quería ir: ¡Cuba!

Por un lado fue una tremenda alegría poder realizar este viaje, pero por otro una gran decisión, ya que optamos por viajar solos, sin nuestra hija de 3 años, Beatriz .

Los primeros días sufrimos un poco por esta decisión, la extrañábamos muchísimo, pero afortunadamente pudimos hablar con ella a través de videollamadas al menos una vez al día, la diferencia horaria estaba a nuestro favor, y ella supo entenderlo muy bien, sabía perfectamente por qué fuimos solos y donde estábamos. Nos preocupamos de dejarle una carta y un regalito por cada día que no estuvimos con ella y eso creo que ayudó bastante a que no sintiera tanto nuestra ausencia, además del cariño y cuidados de sus abuelos maternos (Gracias!)

Llegamos a Cuba, lunes al mediodía, 28ºC y una humedad del 78%. Pero estábamos en La Habana, felices y ansiosos por conocer aquella tierra de la que tantas veces nos hablaron, tierra de tantos amigos y conocidos, paraíso de tantos otros…

Fueron 3 días de caminar y recorrer, fotografiar y comer, y por sobre todo, disfrutar. Un hotel “de lujo”, comida barata, tragos baratos, gente amable, mucho calor y una tranquilidad envidiable que se respiraba en cada esquina…¡nos enamoramos de la ciudad!

Luego estuvimos 3 dias en Varadero. Un hotel todo incluído por lo que comimos en exceso (bueno, yo) y tomamos mojitos a cada minuto que se nos ocurrió (la comida y los tragos dejaban mucho que desear, pero… era todo incluido). Días de relajo absoluto, ninguna preocupación, salvo “¿qué chalas me pongo para ir a la playa?”.

Tomamos un tour a Cayo Blanco… HERMOSO! Un catamarán nos llevó desde La Marina de Varadero durante 1.5 horas aproximadamente. Bar abierto y música. Al llegar, el trópico en su máximo esplendor: arena blanca, aguas transparentes y cálidas, palmeras, calor, mucha comida y, por supuesto, mojitos. Yo que no soy fanático de la playa, estaba feliz. Nadamos, paseamos, bebimos, comimos, hicimos fotos, disfrutamos…todo fue el paraíso.

Este viaje fue nuestra luna de miel atrasada. Luego de un año de haber celebrado nuestro matrimonio, pudimos cumplir con esta tradición llamada luna de miel y este viaje a la bella Cuba, donde pudimos conocer al menos 2 de sus ciudades más emblemáticas.

Nos propusimos volver, ojalá el 2020, pero con nuestra querida Beatriz.


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Enero 7, 2019

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